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Centralización y control: la estrategia comunicacional «chavista» del gobierno de Kast

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Un documento interno titulado “Protocolo de Comunicaciones. Lineamientos para encargados de prensa”, elaborado por el director estratégico de Comunicación y Contenidos de Presidencia del gobierno de José Antonio Kast, Cristián Valenzuela, y dado a conocer por Ex-Ante, revela el diseño del sistema comunicacional con que el nuevo gobierno pretende relacionarse con los medios y con la ciudadanía.

El texto —destinado a los encargados de prensa de ministerios y reparticiones— establece un esquema altamente centralizado, donde la Secretaría de Comunicaciones (SECOM) se transforma en el filtro obligatorio de prácticamente toda interacción con la prensa.

Desde una perspectiva política y comunicacional, el documento expone una concepción del poder comunicativo marcada por la disciplina interna, la uniformidad del mensaje y la subordinación de los ministerios a la estrategia presidencial. Sin embargo, también abre interrogantes sobre su viabilidad práctica, sus efectos en la transparencia y su impacto en la relación con los medios.

Un modelo hipercentralizado

El principio rector del protocolo es claro: ninguna comunicación pública puede ocurrir sin el conocimiento previo de SECOM. El instructivo es explícito: “Sin excepciones: toda pauta, entrevista o declaración requiere conocimiento previo de SECOM”.

En términos operativos, esto significa que:

  • SECOM decide quién habla y sobre qué tema.
  • Cada ministerio debe reportar su agenda semanal y sus cambios.
  • Los ministros no pueden realizar pautas propias si el Presidente tiene actividades.
  • Incluso los contactos informales con la prensa deben responder a una estrategia definida.

El esquema responde a una lógica de comando centralizado, más cercana a una campaña política permanente que a la dinámica tradicional de un gobierno con múltiples vocerías sectoriales.

Desde el punto de vista político, el objetivo parece evidente: evitar contradicciones internas y mantener una narrativa única en un contexto donde los errores comunicacionales pueden amplificarse rápidamente en redes sociales y medios digitales.

La primacía presidencial

El protocolo también deja en claro que el centro del relato político será el Presidente. Una de las instrucciones lo expresa sin rodeos: “El que tiene que resaltar es el Presidente. El lucimiento individual no construye gobierno”.

Esto implica una estrategia comunicacional presidencialista, donde los ministros quedan subordinados a la visibilidad y al posicionamiento del jefe de Estado. En la práctica, se busca evitar que figuras del gabinete desarrollen agendas propias o capital político independiente.

En términos estratégicos, esta lógica busca construir un liderazgo fuerte y coherente, pero también conlleva riesgos. En sistemas políticos complejos, la hiperconcentración de vocerías puede saturar la figura presidencial y debilitar la capacidad de respuesta sectorial frente a crisis específicas.

Disciplina interna y control del “off”

El documento también regula el uso del off the record, una práctica habitual en el periodismo político. El instructivo establece que el off debe utilizarse “siempre a favor del Gobierno” y nunca para revelar internas o diferencias.

El mensaje implícito es que el nuevo gobierno busca erradicar las filtraciones internas que han caracterizado a varias administraciones recientes en Chile.

Sin embargo, esta visión refleja una comprensión instrumental de la relación con la prensa: el off deja de ser una herramienta de contexto informativo para transformarse en un mecanismo de alineamiento político.

Desde el punto de vista comunicacional, esto puede resultar problemático. Los periodistas utilizan el off para comprender dinámicas internas y obtener contexto. Si el gobierno intenta convertirlo únicamente en una herramienta de propaganda, la confianza entre fuentes y medios podría deteriorarse.

El proyecto “SECOMUNICA”

El documento también describe una estructura denominada SECOMUNICA, presentada como el brazo operativo de la estrategia comunicacional del gobierno.

Sus objetivos se articulan en una serie de verbos que resumen su lógica de acción: escuchar, informar, emocionar, movilizar, activar campañas y proteger al gobierno de la desinformación.

La definición más reveladora del texto señala que SECOMUNICA será “el brazo armado comunicacional del Gobierno”, encargado de transformar la estrategia política en campañas, mensajes y contenidos capaces de generar adhesión.

Este enfoque confirma que el nuevo gobierno entiende la comunicación como un instrumento estratégico de construcción de legitimidad, no solo como un canal de información pública.

Los riesgos del modelo

La estrategia tiene ventajas evidentes: disciplina interna, coherencia narrativa y mayor control sobre la agenda mediática. En un entorno comunicacional fragmentado, estos atributos pueden resultar atractivos para un gobierno que busca proyectar orden y liderazgo.

Sin embargo, también existen riesgos.

Un sistema excesivamente centralizado puede volverse burocrático y lento, dificultando la capacidad de reacción ante crisis o noticias imprevistas. Además, la subordinación total de las vocerías a una estructura central puede reducir la autonomía técnica de los ministerios.

Desde el punto de vista democrático, también se abre una discusión sobre el equilibrio entre coordinación política y pluralidad de voces dentro del gobierno.

La historia reciente de las comunicaciones gubernamentales muestra que los modelos más rígidos suelen enfrentar problemas cuando la realidad política exige respuestas rápidas, flexibilidad y diálogo directo con los medios.

Una estrategia de control del relato

En síntesis, el protocolo revela que el gobierno de Kast apuesta por una estrategia comunicacional fuertemente jerárquica, centrada en la figura presidencial y diseñada para evitar disonancias internas.

Más que un simple manual de prensa, el documento funciona como una arquitectura del relato político del nuevo gobierno.

La incógnita es si un sistema tan disciplinado será capaz de adaptarse a la naturaleza impredecible de la política contemporánea y al ecosistema mediático actual, donde el control del mensaje es cada vez más difícil de sostener.

¿Modelos similares?

Desde una perspectiva histórica, el modelo planteado en el protocolo no es completamente inédito. Combina elementos de distintas tradiciones de comunicación política: por un lado, la **disciplina de mensaje** utilizada en gobiernos anglosajones, donde oficinas centrales coordinan los “puntos de conversación” para evitar contradicciones públicas; por otro, la lógica presidencialista latinoamericana (AMLO, Rafael Correa, Chávez), en la que el relato del gobierno se articula en torno a la figura del mandatario.

A ello se suma una concepción más reciente de la política como “campaña permanente”, donde la comunicación deja de ser solo informativa y pasa a convertirse en una herramienta estratégica para construir adhesión, ordenar a los actores del gobierno y proteger el relato oficial frente a críticas o conflictos internos.

Esta mezcla explica el carácter altamente jerárquico del sistema propuesto, que privilegia la coherencia del mensaje por sobre la autonomía comunicacional de los ministerios.

Esta publicación aparece primero en elperiodista